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Crítica de 300 de Felmanuel

Miller Desencadenado: el delirio de un psicópata

Fotografia de Felmanuel Felmanuel Rating: 6

17.05.2008Pienso que el comic es tal vez la más agradecida de las manifestaciones culturales (siempre defenderé este medio, esta expresión, este llamadlo como sea, como parte de la cultura). Digo la más agradecida porque, pensadlo bien un momento: del resto de “artes”, cine, literatura, música, pintura, se dicen que tienen sus respectivos clásicos y que son insuperables y todo lo que se crea ahora es inferior y no está llamado a hacer historia. Pues bien, por mucho que tenga un pasado glorioso, que algunos puedan pensar que ya se ha dicho todo, yo creo (o quiero creer) que al comic aún le queda mucho camino que recorrer, que todavía puede escalar altas cimas y, en definitiva,… que pueden surgir nuevos clásicos ahora y en el futuro. También es posible que el comic, en contra de mis esperanzas, se convierta en otra víctima más de esta época de decadencia (como dice un amigo mío); sobre todo, si no se atreve a superar determinados vicios y arriesga un poquito más (lo cual también puede ser un vicio).

Os preguntareis a cuento de qué viene la parrafada anterior. Podría decir “porque me apetecía”, y en parte así es. También quizá haya pretendido justificar la baja puntuación que le he otorgado a un título destinado a ser un clásico. Digo destinado a ser un clásico porque su autor ya es, valga la redundancia, un clásico de este medio, clásico moderno, referencia fundamental, camino de ser un clásico atemporal (si no lo es ya). Ojo, qué demonios estás haciendo, Felman, cómo te atreves a escupir a Frank Miller, mira que como te pillemos por la calle te vamos a partir cada hueso, que lo sepas, que no te va a reconocer ni la madre que te parió, no, esto no es una amenaza, pequeño, pero considéralo bien antes de seguir escribiendo… Bueno, digresiones varias aparte, allá voy, arriesgándome a ser apalizado por millerianos espartanoides.

Siempre se ha mencionado la fascinación que ejerció sobre el señor Miller el visionado de una película sobre la batalla de las Termópilas (creo que era “El león de Esparta” o algo así, ¿no?). De hecho, basta con darse un paseo por las páginas de Sin City para tropezar con alguna referencia a este acontecimiento (si la memoria no me traiciona, en “La gran masacre”). El caso es que comparto la fascinación de Miller, pero no por este acontecimiento en concreto (que sí, que vale, que tiene su mística, su épica, su fuerza, su significado): digo que comparto la fascinación porque sé, desde mi humilde perspectiva, desde mis límites, qué es sentirse obsesionado por algo, sea lo que sea. Quien haya experimentado fascinación por algo en algún momento de su vida, debería poder entender a Frank Miller, debería incluso poder disculpar sus pecados a la hora de abordar un hecho histórico con total falta de fidelidad. Quién no ha querido ser pirata, quién no ha querido ser Conán el bárbaro, quién no ha querido ser rey o princesa o mago o capitán de la Enterprise o la Estrella de la Muerte, quién no ha querido vivir en la Edad Media o en la Roma clásica… Pues eso, al señor Frank Miller le engatusó la batalla de las Termópilas, el carácter de los troyanos. Hasta aquí, genial, chapó, perfecto, olé tus mismísimos, compadre.

Pero…

S iempre hay un pero. Y un pero suele remitir (¿o debería remitir?) a una percepción subjetiva, eso no se debería negar nunca. Quizás haya un poso de objetividad, pero en estos tiempos de relativismo por doquier, ¿dónde queda lo objetivo? No divago más, no divago. Mi pero a 300 es un pero (desde luego hoy estoy redudante) que ya le han achacado unos cuantos miles más (pobres espartanos de Miller, cuántos enemigos a los que enfrentarse, y tan furiosos están que no podréis nada contra ellos). Esto es, la segunda lectura política imperialista occidentalista racista. Bueeeeno, quizás lo de imperialista no cuela del todo, teniendo en cuenta que, en esta obra, los imperialistas son los persas (como también lo fueron en la Historia). No niego que esta segunda lectura es algo rebuscada –pero no demasiado rebuscada-. Está claro que lo más cómodo es leerse el cómic –o ver la película- sin darle muchas vueltas a las neuronas, sin buscarle dobles sentidos ni más patas al gato, flipar con la épica desmesurada y cazurra de Miller y corear “¡Esto es Espartaaaa!”, y ya está, función cumplida, al menos, la del tebeo, entretiene, te azuza el espíritu embotado, te hace sentir espartano, yujú, brutal. Porque lo complicado, lo jodido, es torturarse con las dobles lecturas, en especial, cuando en el fondo de uno late un minúsculo y herido filántropo con algunas gotas de sangre roja, y entonces es cuando uno se desespera, se desencanta, se cabrea y quiere escupir a la cara al señor Miller. Y eso que reconozco que es excesivo tildar de fascista la historia de los 300 espartanos. Pero, claro, está toda esa apología de la violencia, de la fuerza, que levanta tantas sospechas. Y, para colmo, están todos esos arribistas que se han apuntado a la moda de ensalzar la puñetera batallita con bestsellers y panfletuchos y sostienen la trascendencia para la historia de Occidente del sacrificio de Leónidas y los suyos, vamos, memoria histórica para justificar one more time el carácter excepcional de la vieja Europa y sus vástagos…

Por el amor del demonio, ¡que estoy hablando de un cómic de acción! Pues eso: que para disfrutarlo o se apaga el cerebro o se carece de él, o se es un poco ultraviolento con todo lo que ello significa… Y, por favor, que la gente no se moleste en señalar las posibles incorrecciones históricas que pueda haber cometido Frankie: que no me venga nadie diciéndome que el autor no refleja los acontecimientos tal como sucedieron, menos aún, que no me venga el autor asegurando que ha recreado la historia tal como fue. “300” es producto de una obsesión, y ya está. Y la fidelidad es lo de menos: lo importante es el significado que se le quiera extraer, y que se esté de acuerdo con él o no.

Para concluir (¡por fin! ¡Ya era hora!), sólo me queda constatar algo obvio: a Frank Miller le sienta genial la etiqueta “Políticamente Incorrecto”. Qué cabrón, encima la exhibirá con orgullo.

P.D. Esta crítica es terriblemente parcial e inexacta y furibunda. Lo que se dice se puede aplicar perfectamente a la película, pero, para qué gastar tiempo en criticar la película cuando no es más que una fotocopia del cómic, y no hace más que estropear las sensaciones transmitidas por sus viñetas.

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Comentarios

Fotografia de Alex Alex (24/06/2008, 13:57)
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Como bien dices Miller es un auténtico fan de la sangre y sobre todo un elogiador de la barbarie y la épica guerrera. Eso supongo que según desde el prisma en que se vea puede estar bien. Yo guardo una buena colección de sus Sin City que a mí me encantan,pero reconozco que para llegar a disfrutar este autor tuve que tomar cierta distancia de algunas de sus ideas vertidas. Gran crítica, olé ese espíritu comiquero.

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